¿Qué queda en tus manos cuando no puedes garantizar cómo terminará una situación?
Cuando no controlas el resultado, todavía puedes elegir cómo actuar
No siempre podemos decidir cómo terminará una conversación, un proyecto o una decisión. Pero todavía podemos preguntarnos qué valores queremos hacer visibles y convertirlos en conductas concretas.
Hay decisiones que serían mucho más fáciles si pudiéramos conocer el resultado de antemano.
Si supieras que una conversación terminará bien, quizá sería más sencillo tenerla. Si tuvieras la garantía de que un proyecto funcionará, sería más fácil comenzar. Si supieras que alguien comprenderá exactamente lo que quieres decir, probablemente hablarías con menos dudas.
Pero gran parte de la vida no ofrece esas garantías.
Podemos preparar, conversar, decidir, intentar, corregir. Lo que no siempre podemos hacer es controlar cómo terminará todo.
Si no puedo garantizar el resultado, ¿qué parte de mi manera de actuar todavía puedo elegir?
En Fluir Consciente, Virtud como Brújula parte precisamente de ahí: cuando el resultado no está garantizado, todavía podemos decidir qué clase de conducta queremos poner en el mundo.
Cuando la brújula depende del resultado
Imagina que necesitas tener una conversación difícil. Quieres explicar algo importante. Puedes preparar tus argumentos, elegir el momento, escuchar y hablar con claridad.
Pero no puedes garantizar cómo responderá la otra persona. Quizá lo entienda. Quizá se moleste. Quizá necesite tiempo. Quizá la conversación no produzca el resultado que esperabas.
Si evaluamos nuestra conducta únicamente por el desenlace, terminamos entregando parte de nuestra brújula a algo que no controlamos por completo.
Fluir Consciente propone otra posibilidad: preguntarnos qué valores queremos hacer visibles en nuestra conducta. Por ejemplo: honestidad, respeto, firmeza.
Ninguno garantiza que la conversación termine bien. Pero sí puede orientar cómo participamos en ella.
Tener valores no es lo mismo que actuar desde ellos
Es relativamente fácil decir: «Valoro el respeto», «Quiero ser una persona honesta» o «La paciencia es importante para mí».
El problema aparece cuando necesitamos traducir esas palabras a una situación concreta:
¿Qué significa respeto durante una discusión? Tal vez no interrumpir.
¿Qué significa coraje? Tal vez iniciar una conversación que llevamos semanas evitando.
¿Qué significa moderación? Quizá detenernos antes de responder impulsivamente.
El libro propone justamente eso: convertir los valores en conductas observables, no dejarlos únicamente en el terreno de las intenciones.
Porque un valor que nunca modifica una decisión corre el riesgo de quedarse solamente en una palabra que nos gusta utilizar para describirnos.
Los valores se vuelven visibles cuando cuestan algo
Es fácil considerarnos pacientes cuando nadie nos contradice. Es fácil decir que valoramos la honestidad cuando decir la verdad no tiene ningún costo. Y es sencillo hablar de valentía cuando no existe riesgo.
Las situaciones difíciles revelan otra pregunta: ¿Cómo se ve ese valor cuando entra en conflicto con algo que quiero proteger?
- Nuestra comodidad.
- Nuestra imagen.
- La aprobación de alguien.
- La necesidad de tener razón.
- El miedo a equivocarnos.
Es precisamente en esos momentos cuando un valor deja de ser abstracto y empieza a convertirse en conducta. No basta preguntar qué valoramos; conviene preguntarnos cómo se vería ese valor en esta situación concreta.
Una reunión difícil
Imagina que alguien critica públicamente una idea en la que has trabajado durante mucho tiempo. Tu primera reacción puede ser defenderte: eso es comprensible.
Pero antes de responder quizá puedas preguntarte: ¿Qué quiero que sea visible en mi conducta ahora?
Si uno de tus valores es la apertura, eso no exige que estés de acuerdo con la crítica. Puede significar hacer una pregunta antes de rechazarla. Si también valoras la firmeza, quizá necesites señalar claramente dónde consideras que la crítica es incorrecta.
Apertura no significa sumisión.
Firmeza no significa agresión.
Lo importante es que los valores no te dicen qué resultado obtendrás: orientan la calidad de tu participación.
La diferencia entre convicción y aprobación
Hay una pregunta incómoda que puede resultar útil antes de ciertas decisiones:
«Si nadie fuera a felicitarme por esto y nadie fuera a enterarse, ¿seguiría considerando correcta esta conducta?»
No resuelve todos los dilemas ni convierte cualquier decisión en algo evidente. Pero puede ayudarte a distinguir entre dos cosas diferentes:
- Lo que consideras importante.
- Lo que haces principalmente para obtener aprobación.
La opinión de otras personas importa. Vivimos en relación con los demás y nuestras decisiones pueden afectarlos. El punto no es volvernos indiferentes a toda opinión externa: el punto es reconocer cuándo nuestra brújula depende por completo de ser aprobados.
Elegir un valor no garantiza tener razón
También conviene hacer una precisión. Decir: «Estoy actuando de acuerdo con mis valores» no convierte automáticamente una decisión en correcta.
Nuestros valores pueden entrar en conflicto. Podemos interpretar mal una situación. Podemos descubrir información nueva o tener que revisar una decisión.
Por eso Fluir Consciente no propone utilizar los valores como una justificación para dejar de pensar: son una brújula, no un certificado de infalibilidad.
La práctica sigue requiriendo observar, distinguir, elegir, actuar y después revisar lo ocurrido. En el ciclo del libro, Elegir significa preguntarnos qué valor queremos hacer visible; Actuar implica convertir esa elección en una conducta concreta; y posteriormente debemos revisar lo aprendido sin convertir el resultado en una sentencia sobre nuestro valor personal.
Una práctica sencilla: del valor a la conducta
Piensa en una situación real que tengas pendiente: una conversación, una decisión laboral, un límite, una disculpa, una petición.
Primero pregunta: ¿Qué valor quiero que sea visible aquí?
Después evita dejarlo en abstracto. Pregúntate: ¿Cómo se vería ese valor en una conducta que otra persona pudiera observar?
• Si eliges respeto, ¿qué harás?
• Si eliges honestidad, ¿qué dirás?
• Si eliges firmeza, ¿qué límite expresarás?
• Si eliges paciencia, ¿qué impulso decidirás no seguir inmediatamente?
El objetivo no es escoger la palabra más bonita: es encontrar una conducta concreta.
Lo que la evidencia permite decir
Aquí también conviene conservar la distinción que utilizamos en todo el proyecto: Virtud como Brújula pertenece a la propuesta filosófico-práctica de Fluir Consciente.
Por otra parte, en modelos contemporáneos de flexibilidad psicológica se estudian procesos relacionados con la clarificación de valores y la acción comprometida.
El libro es cuidadoso con esta relación: esa investigación puede ofrecer un diálogo relevante, pero no sustituye el significado filosófico de virtud ni demuestra científicamente Fluir Consciente.
Esa diferencia importa: una semejanza conceptual no convierte dos marcos distintos en la misma cosa.
Cuando el resultado no depende completamente de ti
A veces puedes hacer una buena elección y obtener un mal resultado. También puedes tomar una decisión poco cuidadosa y, por casualidad, obtener un resultado favorable.
Por eso el resultado importa, pero no siempre cuenta toda la historia. Hay otra pregunta que podemos hacernos:
¿Reconozco como mía la manera en que participé?
Tal vez no controles si alguien acepta tu propuesta, pero puedes decidir si la preparas con cuidado. No controlas completamente cómo terminará una conversación, pero puedes elegir si hablas con honestidad y respeto. No controlas todas las consecuencias de una decisión, pero todavía puedes preguntarte qué valor quieres hacer visible mientras decides.
Ahí aparece la función de una brújula: no decirte exactamente qué encontrarás al final del camino, sino ayudarte a recordar desde qué dirección quieres caminar.
Para observar en tu propia experiencia
Cuando tengas una decisión pendiente, prueba estas tres preguntas:
- ¿Qué valor quiero hacer visible ahora?
- ¿Qué conducta concreta expresaría ese valor?
- ¿Seguiría eligiendo esa conducta si nadie me felicitara por ella?
No necesitas controlar el resultado para responderlas. Y quizá ahí esté una parte importante de nuestra libertad cotidiana:
No siempre podemos elegir qué ocurrirá, pero todavía podemos participar en la manera en que respondemos.
Para seguir explorando
Este artículo desarrolla Virtud como Brújula, uno de los cinco pilares de Fluir Consciente.